Era el último en llegar, lo sabía antes de que me lo
dijeran. Estaban todos allí, Frank, el mejor pintor de su generación, Mary Sue,
la mejor cantante de su generación, con una voz que te llegaba al alma y a las
entrañas, Vince, que de no ser por mí sería el mejor escritor de su generación
y muchos más. Todos fumaban y bebían y se consideraban mejor que el resto de
personas, tanto de las que estaban en la fiesta, como de las que no.
Me uní a ellos, había botellas de sobra. Yo por aquella
época bebía ron con cola y nada más, también le daba alguna calada a los porros
que pasaban por mis manos. Creo que no probé la coca.
La conversación fluía, todos se creían capaces de dar
consejos a los demás, de hecho era el pasatiempo favorito de todos, los pintores
decían a los escritores como escribir y les recomendaban que leyesen a no sé
cual escritor de algún país perdido. Yo asentía ya que aún no estaba lo
suficientemente borracho como para mandarlos a la mierda.
Realmente yo estaba allí solo porque había bebida y
mujeres. Además eran mujeres que se creían artistas, más liberadas sexualmente
que la mayoría y dispuestas a acostarse con el mejor escritor que había pisado
jamás la tierra.
Había un grupo hablando sobre cine, sobre películas de
las que nunca había oído hablar, me apetecía divertirme así que dije.
-El otro día vi una película de Alexey Stojadinovich, un
director bielorruso, el ladrón de almas se llamaba. Tiene interesantes reflexiones
sociales pero me pareció un poco pretencioso.
-Sí, tienes razón. –dijo uno.
-Eso es porque no entiendes su punto de vista –le
respondió otro.
Yo me alejé de allí intentando no descojonarme, y me puse
otra copa mientras esos idiotas aún discutían sobre algo que no existía.
En cierto momento, tras varias copas más, volví en mí
mientras mantenía una conversación con Mary Sue, en un rincón, separados del
resto. Aquella noche llevaba un escote que dejaba ver gran parte de sus
hermosos pechos. Hablábamos sobre la capacidad del ser humano para hacerse daño
mientras sonaba una canción de algún grupo de grunge que no era Nirvana. Como
buenos artistas detestaban toda la música que fuese mínimamente convencional.
Entonces Mary Sue empezó a contarme lo mucho que le
habían gustado algunos de mis relatos y poemas, que incluso pensaba convertir
alguno en una canción. Se me empezó a poner la polla dura y metí la mano por
debajo de su vestido. No llevaba bragas, esto es el siglo veintiuno. Pegó su
cuerpo al mío y metió su lengua cálida en mi boca. Sus tetas se apretaban a mi
pecho e, incluso, podía sentir sus pezones, ligeramente duros.
Buscamos una habitación vacía, lo que no era una tarea
fácil y, tras encontrarla, ella dejo caer su vestido con un único movimiento y
se quedó desnuda, a excepción, de sus zapatos de largo tacón. Yo tardé un poco
más en desnudarme, busqué un condón en mis pantalones y empezamos a follar sin
más preliminares.
Mary Sue era una chica guapa, tampoco era la más guapa de
la ciudad, pero era muy mona, sus pezones eran pequeños, ni claros ni oscuros,
su piel era pálida y eso me encantaba, era delgada pero no llegaba a serlo
demasiado, el rosa de su coño destacaba contra su pálida piel y estaba
totalmente depilada, en su muñeca izquierda tenía la cicatriz de un intento de
suicidio. Mientras la penetraba gritaba con su grandiosa voz, una voz que te
llegaba a las entrañas, me removía el alma y hacía que mi polla se agitase.
Mary Sue era autentica, más que nadie en esa fiesta, más que yo. Fue un polvo
realmente memorable.
Cuando acabamos ella se quedó arreglándose en el baño y
yo fui a por otra copa.
Mientras me la servía se me acercó un tipo al que no
conocía.
-¿Te acostaste con Mary Sue? –me preguntó, y como yo no
tenía ninguna razón para mentir le dije que sí.
El tipo se volvió loco y empezó a gritarme.
-¿Cómo has podido hacerme esto? ¡Te dije que era mía! ¡La
amo!
Dijo bastantes cosas más como esas y algún insulto. Yo me
serví mi copa sin prestarle mucha atención y empecé a bebérmela, el tipo al ver
que no me importaba lo que decía, me soltó un puñetazo, directo a la cara. Me
sorprendió, pero no bastó para tumbarme, ni mucho menos, he encajado golpes
mucho peores. Cuando nos separaron yo sangraba por la nariz, él por el labio y
su ojo se le estaba hinchando.
Frank hizo que echaran de su casa a ese capullo y vino a
ver que tal estaba.
Frank no solo era el dueño de la casa, también era amigo
mío y hasta me admiraba, no se había dado cuenta aún de que todos éramos una
farsa.
Todo siguió con normalidad, Mary Sue se fue tras
preguntarme por qué me sangraba la nariz y decirme que la llamara. No mentí
cuando le dije que lo haría.
Algunas horas después la música ya me estaba cansando, y
estar rodeado de tanta gente me estaba dando asco. Ninguna chica que tuviese
interés en mí me interesaba. No había nadie en esa fiesta que me interesase y
me dolía la nariz. Me terminé la copa y busqué a Frank para despedirme.
Me fui de la fiesta pensando que la noche daba para un
relato y el polvo con Mary Sue para una paja, o quizás dos.