domingo, 28 de julio de 2013

El sueño americano



Lo primero que hice al despertarme fue rascarme los cojones. Luego miré el cuerpo de mujer que, desnudo, dormía junto a mí. No estaba mal, aunque había conocido años mejores.
Luego fui hasta la cocina, bebí un poco de agua directamente del grifo, el líquido resbaló por mi cara, quedándose atrapado en mi barba, ninguna gota llegó a deslizarse hasta mi pecho, que era más peludo aun que mi barba.
Abrí la nevera, la luz no funcionaba pero tampoco había mucho que ver, yo por aquel entonces no trabajaba y nadie quería publicar mi mierda, así que no tenía mucho dinero para comida, pero tenía cerveza. Un hombre puede sobrevivir con cerveza y un coño. Al menos su alma lo hace.
Me senté a beber la cerveza, el culo y los huevos directamente apoyados en el sillón. Acerqué la radio portátil y puse algo de música. No me importaba la mujer que dormía, hacía tiempo que no me importaba nada. No me importaba ni yo mismo así que mucho menos ella.
Pero ella no se despertó, volví a mi cerveza y pensé que no estaba nada mal todo esto. Había fracasado en todo, mi vida era la vergüenza del sueño americano, pero ¡joder! Tenía cerveza.

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