Mary Sue duerme con un antifaz, para que la luz no la
despierte. Nunca lleva nada más puesto al dormir.
Mary Sue tiene poco que hacer, ella es la mejor cantante de
su generación, pero, realmente, todo lo que ha hecho en su vida es nacer con
una voz que te llega al alma. Es fácil comprender por qué siempre está triste.
Cuando no tiene que hacer ella empieza a pensar, y entonces
se da cuenta de lo horrible que es el mundo. Y le entran ganas de morir. Así
que para evitar pensar va a fiestas, se droga, folla y bebe, todo por intentar
huir de esa oscuridad que flota sobre ella. Se tira de cabeza al hedonismo para
escapar de la insoportable realidad.
Pero no siempre es fácil, la cicatriz de su muñeca es la
prueba. Intentar ocultarla es imposible, ni las pulseras, ni las mangas largas
consiguen hacerlo, por eso ya no la oculta y la lleva orgullosa, como un
recuerdo de lo débil que es.
Hay algo más que oscuridad en Mary Sue, no es solo una voz
que te toca el alma y las entrañas. No sería la chica más guapa de la ciudad en
ninguna ciudad, pero hay algo en ella que no tiene nadie más, algo que no todos
pueden ver, pero que si eres capaz de descubrir no podrás olvidar.
Yo lo vi. Supongo que es la ventaja de tener un alma
atormentada, puedes ver ese tipo de cosas. Las personas felices están cegadas
por su brillante felicidad. Es como un sol que no deja ver las estrellas.
Le había prometido que la llamaría y la había llamado.
Quedamos en un bar cualquiera. La mejor cantante de su
generación y yo, el mejor escritor de mi generación. Y lo mejor era que las
cañas estaban a un pavo, y hasta traían tapa.
Solo éramos nosotros y un par de borrachos que no se
callaban. Se respiraba la puta magia en el aire.
Hablamos de lo que hablan dos personas que odian el mundo. Básicamente
consiste en criticar a la humanidad.
Fue un rato agradable, aunque triste en cierto modo.
Luego fuimos a su casa y follamos y no fue triste para nada.
Una vez más su voz se convirtió en un grito que te llegaba a las entrañas, me
removía el alma y hacía que mi polla se agitase. No, no fue triste para nada.
Observé su cuerpo pálido desde el otro lado de la cama, ella
también me miraba, fijamente, como si buscase algo en mí desesperadamente. Seguía
tan depilada como la última vez, rosa contra blanco. Ella apartó la mirada, sin
decirme si había encontrado eso que buscaba o si se había dado por vencida.
Fue justo entonces cuando me di cuenta de que nunca la había
visto sonreír.
Me despedí y le dije que esa vez le tocaba a ella llamarme a
mí.
Había comprendido que Mary Sue solo me podría traer
sufrimiento, que éramos demasiado parecidos, demasiado tristes, desapegados del
mundo. Mary Sue, siendo totalmente diferente a mí, era exactamente igual que yo.
Y eso nunca funciona, no cuando eres como yo.
Lo sabía y, sin embargo, estaba deseando volver a verla.